Rafael Delucchi, cineasta y criador de otorongos
En los ochenta Barranco se fue poblando de locos y se armó la fiesta. De distrito bohemio, puentecitos escondidos y aromas de jazmines, la villa se convirtió en patio trasero donde fueron a parar diletantes, amantes de la luna, afanosos conquistadores de quimeras. Uno de los personajes más característicos de este Barranco alucinado fue el gran Rafael Delucchi, okupa, criador de otorongos, extra en filmes de bajo presupuesto y actor principalísimo en películas innombrables, buen bebedor, amigo de sus amigos.
Digámoslo mejor: Delucchi había llegado mucho antes que los parroquianos que frecuentaron su casa-alojamiento a un lado de los acantilados de Barranco. En la foto con Ota, la primera otororonga que Rafael crió en Lima y que llevó, adulta y traviesa, a su chacra de Huaral, donde tuvimos el honor de visitarlo más de una vez.La historia del Gordo Delucchi; la de Ramón, su hijo con Cristina, la amable propietaria de la histórica cebichería frente al mercado; la de Juan Bullita y Pipo Gallo, entre tantos ochenteros de Barranco, ha sido relatada (hecha ficción) por Rodrigo Núñez Carvallo, en Sueños Bárbaros, una bonita novela que habla de un tiempo feliz, descarnadamente feliz. Se te hecha de menos, maestro (GR)
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