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Miércoles, 3 de febrero de 2010
 
 
Viajes con sentido

Baila Mamita, baila


Texto: Álvaro Rocha / Fotos: Walter Silvera

Viajeros estuvo en Puno para recorrer sus calles al son de las bandas que le rinden tributo musical a la Mamita Candelaria, la Virgen Morena más querida del altiplano peruano. La siguiente es una crónica de Álvaro Rocha, periodista de vieja data y amigo de esta publicación.

"Entre el cero y el infinito está la fe de los hombres"
(José Paniagua Nùñez, poeta puneño)

Los hoteles doblan sus precios y aún así están llenos cuando se celebra la fiesta de la Virgen de la Candelaria. Todo el color que le falta a la mustia y monócroma ciudad de Puno aparece con los primeros danzantes. La misma fiesta, celebrada en época de lluvias, connota un desafío a la naturaleza, una reafirmación de la civilización ante las agrestes fuerzas que la rodean. Y es que la fiesta ha saltado "del campo a la ciudad, de lo indio a lo mestizo", como dice el poeta y periodista José Paniagua.

La Candelaria como un gran escenario festivo es, pues, más moderna que tradicional. Tiene que ver también con procesos migratorios y con el entusiasmo de formar una identidad como bien dice el catedrático y estudioso Tomás Enrique Yupanqui: "En la década de 1950, los puneños al ver el éxito de la fiesta del Inti Raymi y de Oruro y por influencia de los que habían participado en ellas deciden engrandecer la fiesta de la Virgen de la Candelaria". En 1956, el Instituto Americano de Arte, organiza el primer desfile de danzas folclóricas de Puno. Es decir, la fiesta está cumpliendo 49 años. Vamos a celebrarla.

Emociones de altura

Es dos de febrero, que este año fue un lánguido miércoles, con un poco de sol y un poco de lluvia, y nuevamente sol, y mientras tanto la virgen chiquita y acholada que en Oruro es también conocida como la Virgen Morena, "mamita de socavón", va pasando lentamente. Una muchedumbre de fieles seguidos por cofradías de choros discurre como una serpiente humana. Y las pizzerías cierran sus puertas con más respeto que miedo en el céntrico jirón Lima, pues desde el piso de arriba los empleados tiran pétalos de flores a la venerada imagen. Y los gringos se quedan con el tenedor a mitad de camino y se miran entre sí. Estas cosas ciertamente no suceden en Times Square.

Se supone que el dos de febrero es el día central, porque ese día se celebra el nacimiento de esta virgen en una cueva de las islas Canarias; que tiene el nombre de Candelaria porque  llevaba una vela en la mano izquierda y al Niño Jesús en el brazo derecho. La vela era la luz que iluminaba las tinieblas de un mundo nuevo, al menos así lo tomaron los miles de marineros que viajaban a América. Actualmente hay devotos en casi todos los países latinoamericanos. Son   célebres las festividades de Mayagüez, en Puerto Rico; la de Tlacotal-pan, en México; en Huahuetenango, Gua-temala; en Palamarito, Venezuela; y hasta en el respingado Punta del Este, Uruguay. Ninguna se compara a Puno, claro, perdonando el  chauvinismo.

Se supone que el dos de febrero es el día central pero no, el día principal es la Octava, que cae siempre lunes: ese día un explosivo pasacalle detiene el aliento de Puno. Pero todavía es domingo, cuando los conjuntos se presentan en el estadio Torres Belón. Y he visto a mucha de esta gente siguiendo a la procesión el miércoles anterior. Ahora están un poco más alegres. Entrar al estadio fue toda una proeza porque los conjuntos salían por la misma puerta por la que ingresábamos. Un caos total.

Pero igual salimos a la cancha como si nos fuéramos a jugar un partido y nos encontramos con Hernán Mamani Vargas, de 30 años (baila desde los siete), pertenece a la Morenada Santa Rosa y va en traje de gorila, que alquiló a ochenta soles, se saca la pesada cabeza, tiene la frente perlada de sudor, me dice: "nos deshidratamos bastante, por eso hay que tomar mucha chela, sobre todo negra".

Algo más que capitales

Todos los grupos bailan ocho minutos sobre el césped. Las coreografías del conjunto Wifalas San Antonio de Putina fue muy aplaudida y cantaban en quechua "cuando uno es soltero se baila y se       goza, todos los solteros bailamos". Ellos prefieren realizar sus ágiles pasos sin zapatos. "Bailamos descalzos por costumbre, nos gusta más así, sentimos la tierra y el cielo, y no nos duele nadita", me dice Cirila Chuquimia Mamani, integrante del conjunto, mientras me muestra sus curtidos talones y sus cuatro polleras.

Los fotógrafos y camarógrafos se acomodan para las infaltables tomas de las micro minifaldas de las chinas o adolescentes. "Las juliaqueñas son las que trajeron esa moda, esas son unas bandidas", se pasa la lengua por los labios, termina por deglutir su trozo de chicharrón Ramón Gárate sentado en la tribuna occidente. Al salir del estadio, doblando una esquina, escuché que alguien decía "todas las capitales son hermosas". Era Benedicto Gonzales, que toca la tuba en la banda Central Popoo de Oruro pero ahora estaba tomando cerveza con un puneño que venía desde Chicago y cuyo nombre pudo ser Percy, pero la verdad no se le entendía gran cosa. Y el boliviano seguía diciendo "todas las capitales son hermosas", y sus ojos se le humedecieron y se me ocurrió que debía estar pensando en algo más que capitales.

Entendiendo la fiesta

Esa misma tarde de los eventos en el estadio fui a buscar a la infatigable investigadora Ana Pino, tacneña de nacimiento, puneña de corazón, quien ha restaurado la ahora hermosa Casa del Corregidor. Sabe de todo, pero de hecho conoce el aspecto femenino de la fiesta como casi nadie: "Antes la Morenada era bailada por hombres acompañados de una sola mujer que era considerada como la puta del barrio, en cambio ahora la china morena es la más bonita y fastuosa, las mujeres han ganado mucho espacio en los últimos años. Los trajes de chinas y mamachas se alquilan porque la moda cambia cada año. Las mamachas usan pollera y mantón, y antes eran las esposas de los directivos, pero ahora se ha democratizado; y las chinas visten una mini falda que cada vez sube más. Las tarijeñas son una categoría intermedia entre chinas y mamachas: no tienen la audacia para ponerse una micro minifalda, pero cubiertas hasta la rodilla no dejan de tener sensualidad y elegancia".

"Los católicos -prosigue Ana mientras compartimos un mate- impusieron sus deidades, pero incluso a través de estas imágenes los indígenas, en su fuero interno, seguían adorando al Apu. Si uno observa a la Virgen verá que esta tiene forma de cerro, así engañaron a los españoles. La pachamama y la virgen son femeninas, por algo será. La Iglesia ha comprendido estas dos adoraciones. Tal vez por eso, hace dos años el obispo de Sicuani inició una ceremonia con un pago a la tierra".

Al día siguiente, cuando el pasacalle estaba en su máximo fulgor, fui a conocer a Edwin Loza Huarachi, a su casa en la avenida Carabaya. Los conjuntos pasaban frente a su casa: los bailarines y músicos se expresaban en el único idioma libre que conocen. Dicen que nadie supera a Edwin Loza haciendo máscaras. Hizo sus pininos como mascarero en Rosaspata a la temprana edad de cinco años cuando aprendió a mezclar el yeso con la papa ruqui (o papa amarga) para fabricar moldes donde hacían wawas de pan de trigo para el primero de noviembre, día de todos los santos. Cuando finalizó la primaria ya tenía hechas sus primeras máscaras.

Hasta la próxima, mamita

"Como la diversión es enorme, otras veces desorbitada, generalmente, resulta más de una joven bailarina embarazada". Entonces dicen que es "hijo de la fiesta", sostiene una tesis de Vicente Achata Vargas. Es verdad que más de una se suelta las trenzas, y los muchachones andan con el condón en el bolsillo, pero la Candelaria es básicamente un exitoso proceso de socialización y un grito de identificación regional antes que un bacanal. Y, claro, un intenso fenómeno espiritual que como las chapas de las mamachas no son un rubor sino una marca sobre la piel, un  signo de identidad.