Viajero de la Semana |
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Iván Guerrero: el mundo sobre ruedas
Iván es amigo nuestro hace algunos años y va recorriendo el mundo y la vida sobre dos ruedas. Es licenciado en Ciencias Administrativas, pero tiene la suerte de viajar por trabajo. Es aficionado a la fotografía, colaborador de esta casa, además de creador y presidente del grupo Motoviajeros Peru motoviajeros_peru@gruposyahoo.com
Son muchas las razones que me motivan a viajar, primero porque estoy persiguiendo un sueño que quiero hacer realidad y que siempre anda dando vueltas en mi cabeza. Porque quiero conocer más lugares, más gente; aprender de ellos y de sus costumbres. Porque siempre es una nueva aventura a enfrentar, interactuando con lo que me rodea y, obviamente porque cuando viajas en una moto la sensación es única e indescriptible. Cuanto más dura el viaje y es más remoto el destino, mayor es la sensación de aventura y la satisfacción personal de viajar formando parte del paisaje. Viajo porque me gusta.
Habiendo recorrido en moto casi todo el territorio de nuestro hermoso Perú, tenía la necesidad de seguir viajando. Primero fue Ecuador, luego Colombia y después me propuse conocer más. Luego me fui a Ushuaia, la ciudad del fin del mundo en La Isla de Tierra de Fuego - Argentina, uno de los viajes más memorables y largos que hice en el verano austral. Era un sueño que tenía que cumplir, así como la primera vez que me fui a Cusco a los 17 años en época de lluvias sin la moto adecuada y sin el equipo necesario, pero con muchas ganas
Hacer un viaje de 19 mil kilómetros en solitario (ida y vuelta), no fue nada fácil. Había que preparar el viaje, tiempo, recursos, orden y poco a poco fue saliendo todo. La primera sensación al cruzar con mi moto la frontera entre Perú y Chile fue rara pero todo recién comenzaba. Atravesar el desierto de Atacama, conocer el sur de Chile viendo parques nacionales, lagos, volcanes, todo lleno de pinos. Luego cruzar a Argentina, hacer la temible ruta 40 enfrentando a la lluvia, el frío patagónico con vientos de más de 120 kilómetros por hora tuvieron su recompensa: el Glaciar Perito Moreno.
Nuevamente en Chile me fui a las Torres del Paine, atravesando rutas con ripio y lugares en los que a más de 300 kms a la redonda no había un alma, le dieron al viaje una sensación impresionante, porque toda la naturaleza, la fauna y flora hacían un perfecto contraste. Los atardeceres con el cielo en llamas son algo que no se me borrará nunca de la mente. Cruzar grandes lagos formados por el deshielo de los inmensos glaciares del sur, el conocer durante todo el viaje a otras personas que como yo disfrutan viajando en moto, son una suma de aventuras difíciles. En ese momento solo importa sentir que “lo logré”, no importa estar lejos de casa en ese momento, pues la aventura de regreso sería igual de emocionante.
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