Entrevista |
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Fer Caballero y su Desafío a los Apus
Hace unos días recibimos un feliz correo suyo desde Rusia en el que anunciaba que acababa de vencer al Elbrus, el gigante europeo que yace en tierras rusas. Esta es la tercera de las 7 Cimas que forman parte de su proyecto Desafío Apus. La primera montaña fue el Denali-McKinley en Alaska, luego vino el Kilimanjaro en África y ahora vence al punto más alto de Europa, el monte Elbrus, en la República Kabardino-Balkaria, cerca de Chechenia y justo en la frontera con Georgia. El proyecto “Desafío Apus” (www.desafioapus.com) tiene como objetivo promover la conservación de los ecosistemas de montaña y la herencia cultural de sus pueblos escalando sus cumbres sagradas.
¿Cómo nace tu pasión por la montaña?
Desde muy niño me dejé arrastrar por los sueños. Creaba mundos mágicos y lejanos, historias intensas que solo existían en mi imaginación. Conciente que era la única persona que podía observarlos a través de mis propios ojos, aquello me producía gran satisfacción, tenía algo que nadie me podría arrebatar. La libertad sin límites, incierta y fuera de control, me llenaba de sorpresas y sensaciones que sentía únicas, que me divertían, me llenaban.
Con el tiempo quise convertir mis sueños en realidad. Pasé de montarme encima de mis fantasías a tener la rebeldía suficiente para llevar a cabo, a escondidas, mis primeras escapadas a los cerros más cercanos a casa.
Comencé buscando siempre los horizontes que se escondían detrás, preguntándome qué habría más allá. Esta pregunta inflaba mi corazón y me robaba el aliento. Qué pequeño se mostraba “lo grande” desde arriba, y qué inmenso era aquel nuevo horizonte que asomaba: la libertad, la aventura, la diversión, con el tiempo la buena soledad y todos aquellos encuentros con desconocidos, me animaron a volver una y otra vez hasta que sentí que no venía ni iba a ninguna parte, viajaba, vivía, disfrutaba de la mejor aventura de todas, naufragaba a la deriva, sin rumbo fijo, sin amarras, sin ancla.
¿Cómo te sientes ahora que estás casi a la mitad de uno de tus proyectos más anhelados?
Han pasado los años y, sin ser budista, siento como ellos que la ley que rige el Universo, mis fantasías y nuestras vidas es la ley de la impermanencia. El mundo y los seres somos efímeros, todo cambia de un instante a otro, todo pasa, todo acaba y lo único garantizado es el presente.
¿Por qué viajas?
Ahora viajo en busca de “poder” y conocimiento para sacarle el mayor provecho al presente. Poder como lo entiende el guerrero, son aquellas habilidades que desarrollamos para actuar de forma más efectiva con los demás y nosotros mismos; para aventurarnos en la incertidumbre de lo desconocido, explorar y darle sentido a nuestra peculiar “distorsión de la realidad”. Viajo porque quiero aprender y crecer y para lograrlo no hay más forma que escaparnos de lo familiar y sumergirnos en lo desconocido.
Viajo porque no hay tiempo que perder. Todo pasa y la escurridiza felicidad no es tan importante como ir por el mundo a cazar experiencias nuevas y sacar lo mejor de ellas. Viajo porque al igual que cuando era niño, tengo las ganas de ir a ver qué hay más allá. Quiero vivir intensamente.
¿Cuál es tu viaje más memorable?
Es imposible elegir a uno sobre el resto. En esta oportunidad voy a animarme solo a resaltar la satisfacción y los buenos recuerdos de la expedición al monte Denali (Mckinley) en Alaska el junio pasado.
¿Por qué?
Porque fue muy complicado conseguir todos los recursos necesarios para llevar acabo el viaje. Casi todo fue cuesta arriba mucho antes de siquiera poner un pie en la montaña, pero lo sacamos adelante y una vez en la montaña, tanto el cómo subimos, por dónde y en compañía de quién -en este caso de Javi Garrido un amigo de muchos años-, fue especial.
Hubo momentos tensos y las condiciones metereológicas estuvieron muy lejos de ser las ideales, pero alcanzamos el objetivo que nos propusimos que era alcanzar la cumbre más alta de Norteamérica por la vía “Orient Express”. Ha sido un viaje memorable porque aunque hice un esfuerzo por no hacerme muchas ilusiones, fui cargado de expectativas a Alaska, tenía una idea de lo espectacular que sería y el estar allí lo superó todo. Es un lugar precioso, salvaje, único, lleno de posibilidades y nuevos horizontes.
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