Miércoles, 30 de julio de 20080
 
   
 
 

Entrevista

 

Kurt Holle: “Hay que enfrentar el desafío del nuevo turismo amazónico”

"Los políticos deberían ir a la selva y pararse frente a un árbol y decir: “sí, si quiero ser el responsable de que desaparezcan no uno sino miles de estos árboles”, y recién ahí sabrá si podrá o no vivir con esta decisión". La reflexión es de Kurt Holle, forestal por la Universidad Nacional Agraria (UNALM) y exitoso empresario de turismo en Madre de Dios. El tema de la deforestación y maltrato en la Amazonía peruana sigue siendo un tema de interés, no solamente para científicos y conservacionistas, también los que creemos en el turismo estamos siguiendo con atención del tema de la Interoceánica y otros proyectos en boga. Escuchemos a uno de los últimos presidentes de la Asociación Peruana de Turismo de Aventura y Ecoturismo (APTAE).

¿La construcción de la Interoceánica del Sur afectará al turismo en esa zona?
El impacto neto que tendrá la Interoceánica sobre nosotros -como empresa- es negativo. Va a traernos beneficios marginales muy pequeños vinculados con la disminución de precios debido al bajo costo del flete y después de eso, poco más. No se me ocurren otros beneficios...Ahora, desde el punto de vista turístico casi todo lo que trae son costos, en especial para el tipo de turismo que hacemos nosotros que llega y seguirá llegando a Puerto Maldonado por avión. Lo que hará la Interoceánica es ejercer una presión fuerte sobre los bosques primarios y recursos naturales -que son nuestro principal recurso turístico- y va a terminar degradándolos. Este bosque primario tiene un sinfín de atractivos para los turistas como las colpas de guacamayos y mamíferos, lagos y el mismo bosque.

Entonces…
Existe siempre la idea romántica de ir a un lugar muy alejado, remoto. La existencia de una carretera aleja esa percepción, cambia el  producto turístico que tenemos en Madre de Dios y empieza a hacerlo más parecido a los productos turísticos que se ofrecen en Centro América, donde llegas con tu camioneta casi hasta el mismo bosque. Entonces, el desafío que enfrentamos es tratar de que se mantenga tanto la calidad de la experiencia, desde el punto de vista del recurso bosque y vida silvestre, hasta la idea de "experiencia remota" que tiene el turista cuando viene a esta región.

Entonces, ¿no es tan cierto que los brasileños ahora sí se animen a venir o el porcentaje no será el esperado?
Eso probablemente sea cierto. Pero nosotros -Rainforest Expeditions- no nos dedicamos a ese segmento del mercado. Desde el punto de vista de la industria turística, los que no se dedican a albergues, pueden hacerse de nuevos nichos o mercados que atender. Probablemente se abra un nuevo nicho de bajo presupuesto que aproveche los buses que vayan de Cusco a Puerto Maldonado y eso va a generar la posibilidad de crear casas-hospedaje, como sucede en la Amazonía boliviana que tiene un fuerte turismo de mochileros. Por otro lado, seguro habrá un fuerte incremento de turistas de negocios o viajeros de paso, lo que creará la necesidad de pasar una noche en Puerto Maldonado, dependiendo del tiempo que les tome llegar desde Brasil y hacia dónde se dirijan.

Si los brasileños llegan al Perú no lo harán, necesariamente, atraídos por la selva sino, más bien, por conocer el Cusco o Lima
De todas maneras. El brasileño vendrá atraído por el Cusco. Tal vez lleguen hasta Lima porque para un brasileño del oeste, de la Amazonía, Lima es una ciudad grande, pero no para uno que venga de Río de Janeiro o Sao Paolo. Cusco, además, tiene un atractivo muy fuerte para cualquier persona.

El perfil del turista que llega a los albergues de Rainforest Expeditions es...
Es, principalmente, norteamericano o europeo del norte, con mucha curiosidad por la naturaleza. No todos vienen muy preparados en el tema pero sí les entusiasma todo lo que les enseñamos de la Amazonía. Es un mercado heterogéneo. Hay algunos que vienen solo para ver aves, animales o naturaleza; otros, porque lo consideran un viaje de aventura de bajo riesgo y algunos lo consideran un viaje ideal para hacerlo en familia o porque quieren aprender, pero todos vienen impulsados por la idea de encontrar un bosque en buen estado.

Como empresarios, ¿van a tomar alguna medida para disminuir los impactos de la Interoceánica?
Sí, de hecho. La forma que tenemos como Rainforest para combatir los impactos de la Interoceánica es estableciendo alianzas con nuestro vecindario, campesinos o comuneros, que les permita tener beneficios del turismo que llega a la región. Cuando sienten que el esfuerzo de atender a esos turistas les trae beneficios -pues la conexión entre la mejora de su economía y la llegada de turistas por su bosque en pie es casi inmediata- pues entienden que deben cuidar el recurso bosque. Ahora, no es que se vuelvan conservacionistas a ultranza, pero sí ordenan un poco sus actividades de caza, pesca y agricultura. Ahora, las respuestas al desarrollo no son homogéneas. Puede ser que la posibilidad que les da el desarrollo signifique que en los lugares que no están visitando los turistas se de un uso más intenso de los recursos naturales. Esa es una paradoja.

¿Y como gremio?
No es que hayamos llegado a un acuerdo pero sí hay algunos grados de entendimiento y acción frente a este problema. Hay empresarios que están muy comprometidos con el tema y están tomando medidas y aplicando sus propias tácticas para afrontar lo que se viene. Hay otros que simplemente no ven o no quieren ver el problema.

¿Qué es lo que está en juego aquí?
Es una zona donde la naturaleza ha trabajado por millones de años en paz y si no tenemos cuidado, las consecuencias van a ser irreversibles. Una intervención como la Carretera Interoceánica, si no está debidamente planificada y monitoreada, va a crear un cráter inmenso en una zona que ha tenido la bendición de desarrollarse de manera natural y donde, si se rompe el esquema, no se va a recomponer fácilmente, simplemente no se va a recomponer...Si tú vas a la Huaca Pucllana y mueves una pieza te arman un escándalo inmenso y de primera plana en los diarios, pero si te tumbas un árbol ancestral, de mil años, en Madre de Dios o en cualquier parte de la Amazonía, simplemente no pasa nada, es lo cotidiano, así de simple. Realmente creo que los políticos o encargados de tomar una decisión de esa naturaleza deberían ir a la selva y pararse frente a un árbol milenario y decir: "sí, si quiero ser el responsable de que desaparezcan no uno sino miles de estos árboles", y recién ahí sabrá si podrá o no vivir con esta decisión.                                                                                            

¿Tienes idea de lo que implica la llamada Ley de la Selva?
Bueno, no entiendo todas las implicancias que tenga esta Ley, no sé si mucha gente de la región la entienda. Pero, si tú empiezas a tener una visión muy occidental sobre las comunidades nativas, de hecho vas a chocar con sus usos y costumbres ancestrales. Es decir, si tú usas un camino para cazar una vez al mes ¿es un uso o no es un uso? Cuando empiezas a definir el uso de una tierra bajo parámetros occidentales, empiezas a "obligar" a la gente a desarrollar actividades económicas que no son tradicionales y su calidad de vida disminuye.

Cuando los turistas ven a los mineros en el río en plena faena, ¿qué dicen?
Cuando ven la actividad minera en los ríos no necesariamente la entienden, simplemente no saben qué es. Pero cuando les explicas pues sí les afecta, porque la idea de echar mercurio al río les es tan primitiva y subdesarrollada como que el desagüe caiga directamente al mar.

¿Podremos manejar las medidas para mitigar los impactos de la Interoceánica?
Hipotéticamente todo es posible. Si se titula adecuadamente las tierras de las márgenes de la Interoceánica bajo usos que no permitan destruir los bosques, ya ganaste la mitad de la batalla. El uso más dañino en estas tierras es la agricultura. Del uso forestal tal vez el bosque se recupere en unos miles de años, pero del uso agrícola intenso, no. Lo que se regenere en esas zonas será bosque empobrecido. Otro tema es el de la reforestación en bosques secundarios porque es muy fácil sacarle la vuelta a la ley; vas, te tumbas un bosque primario y luego reforestas. No se trata de entorpecer el desarrollo en sí, sino el desarrollo de actividades que a la larga van a ser perjudiciales, como sembrar cultivos de soya o caña, que benefician solo a los grandes empresarios pero empobrecen a la población y matan a los bosques. Tampoco es que haya que ser apocalíptico con el asunto, pero sí hay que saber que si no se hace nada, uno de los bosques más biodiversos y vírgenes del planeta será afectado y herido, tal vez, de muerte.