Lima-Perú  Domingo, 18 de Mayo de 2008

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4. La Mujer Muerta
Por: Aldo Arozena, 13 de mayo de 2008

La Mujer Muerta yace a lo lejos, ajena a la carretera, a nosotros, al mundo. Mi padre ha hecho parar el carro y yo sigo su dedo tratando de encontrarle forma a su perfil montañoso. No es fácil pero al final lo consigo. Una montaña con forma de mujer. Echada y silente.

Leyenda de Foto: La Mujer Muerta, sacada de Wikipedia y vista desde las cercanías de Segovia.

Era junio del año 1939. Hacía escasos meses que España daba por finalizada su cruenta guerra civil. Daba por finalizada es un eufemismo por supuesto. Heridas tan profundas siguen abiertas por mucho tiempo, incluso hasta hoy. Pero en Madrid las bombas habían dejado de caer y el adolescente de 17 años que era mi padre solo deseaba escapar de los oscuros años precedentes. El hambre había azotado la ciudad como si de una fuerza de la naturaleza se tratara y él, que creció con un hueco en el estómago, era una de sus víctimas. Sus hermanos, todos mayores, no estaban en mejor situación. Mi viuda abuela Miriam, de quien solo he conocido una foto, decidió darle un respiro a sus hijos llevándolos a Otero de Herreros, una pequeña localidad rural ubicada en la vecina provincia de Segovia y donde solían pasar el verano antes del inicio del conflicto.

Mi padre recuerda esos días con una mezcla de melancolía y paz. Para él fue un alivio dejar atrás la ciudad en ruinas y encontrar en el campo la tranquilidad que le fuera esquiva por tres años inundados de carencias y miedo. Una vez me contó cómo era el encargado de preparar la comida en esos días. Su familia, conocedora del hambre que había sufrido el menor de todos, sonreía cuando lo veían devorar trozos de carne enteros so pretexto de comprobar si la cocción era la adecuada. “Aún le falta, mamá” decía y por supuesto el cocido hacía rato que estaba listo. El amor, sin embargo, permitía ceder ante un par de engaños más antes de servir el plato.

Desde Otero la Mujer Muerta se ve en lontananza. Es el destino más atractivo si se trata de salir al campo y, sin estar tan lejos, tampoco está muy cerca. Su perfil nace de la sucesión de varias montañas y su forma y altura escasa -supera por poco los dos mil cien metros- la hacen bastante accesible. En el verano de 1935 los primos de mi padre organizaron una excursión que buscaba llegar hasta la punta de su nariz, su punto más alto. Por semanas vieron horarios, rutas, alimentación, equipo. Incluso se consiguieron un mapa orográfico para conocer mejor el terreno. Mi padre, menor que ellos, no fue invitado a ese paseo con ribetes de expedición. Sus primos partieron un día a las seis de la mañana. Tuvieron éxito y regresaron en la tarde ansiosos por narrar la aventura. Eran los enanos emocionados por haber conquistado a su Gulliver personal. Mi padre, para sus adentros, luchaba contra la envidia y su frustración. Callado, se juraba que no podía ser muy difícil realizar esa proeza.

Pero tras la guerra las cosas eran distintas y el ánimo era otro. Ellos eran otros. La libertad por alcanzar ya no era colectiva y pasó a ser personal. Responder a su llamado era un imperativo si se deseaba tentar la posibilidad de un futuro. Lo difícil sin duda era reconocer su voz y descubrir el camino hacia ella. En Otero la familia luchaba por recomponerse y prepararse para ese futuro, a todas luces sombrío. Sin la alegría del pasado y perdida ya la inocencia, pero siendo para los demás el eterno niño como solemos ser los hijos menores, fueron muchas las visitas que mi padre hizo a la Mujer Muerta. Siempre fue acompañado.

Un día, cuando ya acababa ese verano y las hojas empezaban a ceder ante el cobrizo color del otoño, regresaba junto a sus hermanas remontando las vías del tren después de dar un paseo por el campo. Era ya entrada la tarde y, sin darse cuenta, algo lo hizo responder a un llamado interior. Solo. Tomó un desvío y enrumbó hacia la Mujer Muerta. Llegó a lo más alto pocos minutos antes de la puesta de sol, bordeando las nueve de la noche. Me cuenta que ahí vio uno de los atardeceres más hermosos de su vida, rodeado de silencio y con la imperturbable mujer a sus pies como único testigo. De regreso, en medio de la noche, intuyó el camino guiado solo de su instinto pues Otero dormía bajo la oscuridad absoluta. Llegó a casa junto a las primeras horas de la madrugada. Su familia lo esperaba despierta temiendo algún accidente fatídico. No pasó por supuesto de un susto. Un susto que no se repetiría.

Mi padre no volvió a ascender a la Mujer Muerta nunca más y, probablemente, fue porque no lo necesitaba ya. Las respuestas y el camino hacia su libertad personal habían empezado a ser recorridos. Su vida cambiaría en poco tiempo. El futuro se empezaba a configurar en el inalcanzable horizonte del mar y él era un barco que sabía navegar con rumbo fijo.

El destino, si es que existe algo así, es curioso e indescifrable. Después de dar vueltas por el mundo, mi padre recaló en un país donde las montañas con forma de mujer echada no mueren, sino duermen. Un país que años después de su llegada vivió su propia versión de guerra civil y también se desangró a sí mismo. Un país donde pudo tener la familia que en su España natal no encontró. Nació en una isla pequeña pero su casa le daba la espalda al mar y veía hacia la montaña. La única montaña que formaba la isla por cierto. Sin embargo, llegado el momento de decidir, se hizo marino. Porque era una tradición familiar, porque le gustaba y porque, creo yo, era el camino más corto para dejar de ser una carga familiar en los duros años de posguerra. El mar lo acogió y sus historias de barcos, puertos y de un mundo que ya desapareció, me han acompañado desde que tengo recuerdo. Sin embargo de todas sus historias no es ninguna referida al mar la que mejor he grabado en la memoria. Es la Mujer Muerta quien ocupa ese sitio. Me la contó muchas veces pero bastó solo una para convertirla en imborrable.
 
Hace algunos años ya era notorio el placer que sentía yo al salir a la montaña. En uno de los últimos arrebatos de paternidad que le he visto, me contó por enésima vez la historia de la Mujer Muerta. Narró, con su forma sencilla de decir las cosas, la puesta de sol que vivió desde su cima, el regreso nocturno a casa y la angustia de toda su familia. Me la contó como siempre pero esa vez remató diciendo: “Yo, antes de hacerme marino, fui un buen montañista”. Algo en mi interior se hizo añicos con esa frase. Pero no me dolió. Era la última barrera que la vida había puesto entre nosotros y se acababa de caer. Una insípida adolescencia había sembrado en mí ciertos estereotipos y prejuicios hacia su forma de ser padre. Hacia sus ideas. Hacia cómo veía la vida. Ese día por fin pude abrir los ojos, desprenderme de un poco del lastre de mi inmadurez y entender su forma de amar. Vi lo importante que era para él acercarse a mí y cómo supo encontrar en su vida un episodio capaz de romper las barricadas. Un acto de sabiduría, natural y sincero.

Mi padre vive aún y, aunque bastante mayor y algo mal de salud, espero contar con su presencia muchos años más y no pensar en hablar de él cuando ya sea muy tarde. La montaña, esa montaña que me enseñó cuando yo era aún un niño, sigue ahí, a medio camino entre Madrid y Segovia y a medio camino entre mi infancia y mi aún incompleta madurez, enseñándome cuan lejos estoy aún de pisarle si quiera los talones. Cuando me invitaron a escribir esta columna me dijeron que podía escribir sobre lo que pienso y últimamente he pensado mucho en eso.


ACTUALIZACIÓN: Para los que estén siguiendo esta columna, debo decirles que finalmente se logró formar el Grupo de Apoyo al Bosque de Zárate. Somos pocos pero tenemos las ideas claras. Después de una primera reunión con representantes de la comunidad de San Bartolomé, decidimos realizar una visita al bosque los días 24 y 25 de mayo para evaluar la ruta. Todo el que desee ir está cordialmente invitado, solo debe manifestar su interés en la sección comentarios de esta página y yo me pondré en contacto para darle más información. Se avanza.

LES ROGARÍAMOS DEJAR SUS COMENTARIOS EN EL ESPACIO QUE LE HEMOS DEDICADO A ESTE ARTÍCULO EN LA PÁGINA PRINCIPAL DE VOL. ESTAMOS TRABAJANDO EN NUESTRO SERVIDOR PARA EVITAR EL INGRESO DE VIRUS INFORMÁTICOS. MUCHAS GRACIAS PO LA COMPRENSIÓN...

 


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