Allí estuve, en el bosque de Puyas de Chanchayllo (50 plantas por hectárea), en una mañana bien fría y nublada, con dos o tres minutos de sol cada quince, dependiendo del tamaño de la gran nube negra. Allí estuve, en la mitad del páramo de puyas más grande del país, la otra mitad la conforma el bosque de Puyas de Titankayoc (600 plantas por hectárea), y ubicado al otro extremo, lugar que visité en setiembre del año pasado cuando el proyecto de conservación por el cual esta vez acudí recién empezaba.
Hoy, mi recuerdo más fresco es Chanchayllo, a donde se puede llegar en bus que parte de la ciudad de Ayacucho y demora tres horas y 82 kilómetros en llegar. Al narrar esto, mi memoria pretende complacer primero al actual esfuerzo científico que se está haciendo por revalorar la planta, descubrimiento de Antonio Raimondi, el gran sabio milanés.Sin embargo, fugaces reflexiones me atacaron durante la inauguración del primer centro de investigación en Chanchayllo, que estará a cargo de la querida Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga. Es decir, todo experto que quiera estudiar a la puya tendrá que hacerlo por intermedio de su institución.
En este nuevo y moderno establecimiento que también servirá como albergue turístico administrado por la misma población, léase turismo rural comunitario, se pinta sobre una de las paredes la cruz roja que simboliza la obra de Cáritas del Perú, fuerza religiosa internacional que a celebración de sus actividades pide el rezo católico como una acción de agradecimiento. Solo una reflexión. Pensaba en la historia, en el desarrollo de estas paredes, un producto de la inevitable mezcla milenaria y contraposiciones, obligadas y necesarias a interpretación.
La extensión de puyas necesita expertos, científicos, nuevos tesistas, turistas que publiquen sus observaciones y periodistas que pernocten en las laderas para contar la historia de cómo se quemaban las plantas anteriormente, a razón de que sus espinas atrapaban a los animales. Resulta que al ser encendida en fuego, el tallo crece más rápido como una práctica de tala extraña, pero que en su momento espantaba a especies como el picaflor gigante y desvanecía la literaria amenaza de los zorros.
La familia del experto en Puyas de Raimondi, Donato Ayala, tiene aún una chacra en Chanchayllo, allá donde el dedo de un comunero le apuntó y ofreció dinero por su alquiler y que Donato se negó, allá donde uno puede nacer al lado de tremenda planta que germina recién a los ochenta años y vive hasta los cien y puede alcanzar hasta los 20 metros de altura, mientras un niño la observa como una inmensa nave natural, capaz de inspirarle una profesión de biólogo y constante especialización.
Antonio Raimondi concluyó que cada puya produce en promedio 40 millones de semillas. El profesor Donato agrega que son 33 mil flores por ejemplar. Sobre sus amenazas, sepamos que nada puede afectar más a su desarrollo bromatológico que el ascendente cambio climático. Las polillas atacan el tronco y diferentes tipos de hongos la consumen en cumplimiento de un apurado rescate. Su madera es utilizada para la fabricación de dinteles. No tiene características medicinales y en períodos pasados tal era la cantidad de plantas que los pasadizos entre ellas podían ser desapercibidos. El escapo floral de diez metros la puede confundir con una palmera, sin duda es de la familia de las bromeliáceas, pero rara y bella.
El mayor logro del proyecto "Conservación, manejo sostenible de la biodiversidad y fomento del ecoturismo en las comunidades campesinas de Chiara y Vischongo", impulsado en primer término por el Fondo Italo Peruano, es la elaboración del expediente técnico para la formación del área de conservación de Titankayoc, mediante una resolución emitida por el gobierno regional de Ayacucho y actualmente en proceso de aprobación por parte del Inrena. El estado asignará un presupuesto para el plan de entrega y administración al gobierno regional, lo cual incluirá señalización, guardaparques, delimitación de áreas de estudio, recorridos turísticos y conservación detallada de flora y fauna.
La capacitación de las comunidades ha incluido la elevación de su identidad local, guías prácticas de recorrido, alojamientos rurales, restaurantes rurales y organización de ejecución empresarial básica. En los tres albergues, el de Chanchayllo, Pomacocha y Vischongo. En Pomacocha la particularidad de la historia es que el albergue es una antigua casa colonial que durante siglos permaneció como hogar de desconocidos, en similitud a las estructuras de antaño que abundan por todo el territorioy con los cuales se puede lograr trabajos similares. En mi pasada visita a Vinchos, otros expertos me señalaron su sueño de esta reedificación regional en Ayacucho.
¿Cuánto de esto falta en Ayacucho, en Huamanga, en la región?
A solo quince minutos del centro de Ayacucho, por ejemplo, se encuentra el conocido reposo de Watatas, que si bien río arriba, alguien en verdad puede bañarse desnudo, al menos con una hora de caminata, es uno de los lugares turísticos más memorables y más olvidados. No hay puyas, pero se encuentra en la lista corta de salidas de los huamanguinos, aunque sus mosquitos, el jabón, la basura, el mal puente y sus caminos de llegada difícil no renuncien. La palabra turismo por allí suena a una suerte de oportunidades que quizás algún día lleguen para asfaltar su entrada, elaborar publicidades de recreo e historia.
Seguir preguntándose: ¿qué ha hecho la religión por Ayacucho, qué ha hecho la ciencia, qué ha hecho la filosofía? Y si está bien lo que se ha hecho o lo que se hace, si el fin interesado o no es correcto, si el turismo se incluye por fin como una disciplina independiente, y de quienes depende para que sus letras adopten columnas responsables, no precisamente como un panteón, pero como algo para que los niños recuerden bien claro.