La comida peruana es, qué duda cabe, una de las más sabrosas y variadas. Cuando hacemos referencia a ella e intentamos adentrarnos en sus misterios, no podemos dejar de mencionar que sus más velados secretos atienden a tradiciones ancestrales que han sido transmitidos de generación en generación, y que la variedad de sus platos son tantos que tendremos material para rato.
Escogí para esta primera entrega, el que a mi parecer, es uno de los platos más representativos de la vasta carta de comida peruana: La Pachamanca, plato típicamente andino y tradicional. En este caso no hablamos de un manjar del día a día, sino de un plato festivo, que lleva en su preparación, además de los ingredientes y sabores locales, todo un acondicionamiento del espíritu comunitario, ya que la recolección y selección de las piedras, la fabricación del horno y todo el proceso previo a la cocción y deguste del plato, implica una serie actividades colectivas que dotan al cotidiano acto de comer, de un espíritu particular sumamente agradable.
El nombre proviene de la unión de los vocablos quechuas ´pacha’ que significa tierra y ‘manca’ que significa olla. En nuestra sierra, este plato suele prepararse, tradicionalmente, entre febrero y marzo, que es la época de la cosecha, y representa una ofrenda a la tierra (pachamama), devolviendo a sus entrañas algunos de sus frutos para luego servirse de ellos homenajeándola. También suele ser preparada, en algunas festividades religiosas y en acontecimientos sociales importantes.
Quizá la mención más antigua de este plato milenario, y de la exquisita sazón de los peruanos, sea la Leyenda Nazca del Chiwake de aproximadamente 2,500 años de antigüedad, que cuenta cómo una mañana de un crudo invierno, cuando los dioses estaban formando el Antiguo Perú, decidieron atender el pedido de los hombres, que solicitaban mayor cantidad y calidad de alimentos y enviaron al ave Chiwake (El mensajero de los dioses) con una olla mágica de la que saldrían los potajes más deliciosos, ya listos; pero el Chiwake era travieso y juguetón y perdió en el camino tan preciado regalo. Entonces, recurrió a la Pachamama para solucionar el problema de los hombres y la incipiente cocina del periodo formativo; en un acto de generosidad, la Pachamama le ofrece su vientre para que le sirva de olla mágica a los hombres. El Chiwake arrepentido adoctrina a los hombres con todos los misterios de la sazón y cocción de los alimentos a la manera de los dioses