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Inundaciones en la Amazonía Baja: ¿catástrofe o bendición?
Por: José Álvarez Alonso, especial para VOL, 2 de marzo de 2009

Acerca del asistencialismo populista y la ignorancia -o manipulación política- de la realidad amazónica. “INUNDACIÓN DE MINISTROS EN LORETO”, rezaba la primera página del prestigioso semanario iquiteño Kanatari hace unos años, durante el fujimorato. El titular venía a cuento de que, con la ignorancia que suele caracterizar a algunos funcionarios de la capital sobre la realidad amazónica, había llegado a Iquitos toda una ola ministros y altos funcionarios enviados por el gobierno con el objeto de implementar medidas de emergencia para enfrentar el crecimiento de los ríos en la región. Parece que ahora estamos en vísperas de una inundación similar en Loreto. Ya varios funcionarios y autoridades han hablado de que “los ríos están a punto de desbordarse”, y de que Defensa Civil y otras instituciones están listas para proveer carpas, víveres y demás implementos usados para remediar las diversas catástrofes con que la Madre Naturaleza castiga a los pecadores de la Amazonía peruana.

Isla del Napo: La creciente de los ríos amazónicos es una bendición para los bosques y los animales que los habitan, así como para la agricultura, pues las aguas fertilizan los suelos y permiten una alta producción agrícola. Foto de pescado: La falta de crecientes podría provocar un descenso aún más grave de las pesquerías, bastante disminuidas por el mal manejo. Niños con pescado: Ya no basta enseñar a pescar en vez de regalar pescado: hay que enseñar a la gente a manejar sus cochas y quebradas, porque el pescado es cada vez más escaso en Loreto. Perro comiendo leche donada. La inundación de ayuda humanitaria durante las crecientes amazónicas suele ser aprovechada para que algunos malos funcionarios “hagan su agosto”, y para promover hábitos de consumo ajenos a la cultura amazónica. (Foto: Rubén Darío Ninahuanca)

Me pregunto, tímidamente: ¿es una catástrofe la creciente de los ríos en Loreto, o en la selva baja en general? ¿Es algo negativo que un río amazónico “se desborde”? Bueno, para empezar, esa expresión “desbordar” no es amazónica, porque aquí el hecho de que un río como el Nanay o Amazonas inunde sus tahuampas respectivas es tan natural como que llueva. Pero para algunos funcionarios nacidos y crecidos en el desierto costero donde llueve, y poco, solo durante los años del Fenómeno de El Niño, y acostumbrados a ríos como el Rímac Hablador, el hecho de que un río se salga de su cauce suena definitivamente a catástrofe. Y en la costa sí lo es, porque no es habitual, y porque la gente no está adaptada a esos desbordes, que suelen ser catastróficos en términos de destrucción de viviendas, cultivos, carreteras, etc.

Pero estamos hablando de una realidad muy diferente, ecológica y socialmente. En la Amazonía los cauces de los ríos son extendidos: la llanura de inundación, “tahuampa” para los loretanos, es el cauce natural del río durante la creciente, y toda la naturaleza (flora y fauna) y la población humana que vive en las riberas se han adaptado desde hace miles de años a este fenómeno natural.

Claro que hay crecientes y crecientes. La creciente normal suele inundar lo que la gente llama bajiales y restingas bajas y medias, y por supuesto islas, playas y barriales. La creciente excepcional, que puede llegar a provocar ciertamente mucho daño (y podría, en justicia, ser calificada de catástrofe) es la que inunda también las restingas altas y destruye hasta los sembríos de reserva de los ribereños, además de obligarles a poner tabladillo tras tabladillo en sus casas, a medida que sube el agua y cubre el emponado.

La real catástrofe es la falta de creciente

En Loreto, me permito modestamente opinar luego de viajar por dos décadas y media a lo largo de decenas de ríos en creciente y vaciante, y de leer un rato sobre el ecosistema amazónico, las crecientes normales no solo no son una catástrofe, sino que son sumamente beneficiosas. Más bien, la catástrofe se produciría si no existiesen crecientes e inundaciones por varios años. Como ocurría en el Egipto de los faraones, por cierto, ya que los limos dejados por las aguas el Nilo eran los que fertilizaban las tierras y permitían unas cosechas extraordinarias de trigo, motor del extraordinario desarrollo social y cultural de la civilización egipcia; cuando no había inundaciones se producían hambrunas, como la que describe la Biblia en la historia de José.

Si no hubiese creciente e inundación de las tahuampas en nuestra región, los campesinos que cultivan en las riberas de los ríos de agua blanca (Marañón, Ucayali, Amazonas, Napo, principalmente, de donde provienen la mayor parte de los alimentos que consume Iquitos) estarían en graves problemas. ¿Por qué? Pues porque con la creciente surgen nuevas playas para la siembra de arroz, chiclayo, maní, frijol, sandía y otros cultivos ‘veraniegos’, y con la creciente se renueva el suelo de las restingas bajas y medias con sedimentos ricos en nutrientes, provenientes de los Andes, restingas donde se cultiva la mayor parte del maíz, el plátano, la yuca, el camu camu y otros alimentos básicos que consume Iquitos. La creciente también controla las plagas en las chacras, mata buena parte de las malas hierbas, y disminuye la cantidad de insectos herbívoros y roedores que malogran las cosechas. Sin crecientes, la producción agrícola de los suelos aluviales, que representa la mayor parte de la producción de Loreto, probablemente colapsaría. Y no olvidemos que con la creciente también los ribereños sacan su maderita al río grande para conseguir algunos chivilines para comprar sus necesidades. Cuando no hay creciente, miles de trozas se pudren en el monte, porque la mayoría de la madera sigue saliendo -en Loreto, y también en partes de Ucayali- por caños y quebradas con el agua alta.

Hace unos años escuché en el consejo Superior del IIAP una muy sabia intervención de un indígena Kukamilla del bajo Huallaga, algo más o menos así: “Este año, señores, ha ocurrido una catástrofe”. Todos le miraron asombrados. Continuó el indígena: “Este año no llegó la creciente en noviembre, como debería, y por eso no habrá mucho pescado y los indígenas pasarán hambre. Los peces se cansaron de esperar al agua con su barriga llena de nuevo, y el agua no llegó; han botado su huevo con el río bajo, y habrá escasez de pescado”. La sabiduría indígena, acumulada a lo largo de miles de años de supervivencia en el ecosistema amazónico, puede interpretar las señales de la naturaleza mejor que muchos burócratas con lustrosos títulos y diplomas.

El pulso del agua, como le llaman los expertos, la alternancia de crecientes y vaciantes, es el que rige los ciclos vitales de las especies adaptadas a los ecosistemas inundables y a los cuerpos de agua amazónicos, y los procesos ecológicos que son esenciales para el mantenimiento de la biodiversidad y la productividad de estos ecosistemas. Si no hubiese creciente, los bosques inundables estarían en serios problemas, porque el crecimiento de los ríos es el mecanismo que dispara la fiebre reproductiva de plantas y animales: la mayoría de las plantas producen sus frutos en creciente, para que la corriente de agua, junto con los peces, quelonios acuáticos y otros animales los dispersen; y la inundación provee a la vegetación de las tahuampas, y a las aguas de las cochas de ríos de agua blanca –que son las más productivas en términos pesqueros- de nutrientes frescos, y desencadena otros importantes procesos ecológicos en estos ecosistemas, como la migración al final de la creciente de los peces juveniles o “mijano” de dispersión, que surcan los ríos y recolonizan nuevos cuerpos de agua.

Los peces también estarían en graves problemas si no hubiese inundación, porque durante la creciente muchas especies se alimentan en el bosque inundable de frutos, insectos, plantas y detritus, y acumulan la grasa que les permite desarrollar sus huevos y aguantar el tiempo de escasez de la vaciante, durante la que apenas se alimentan; los alevinos también encuentran en las áreas inundadas un hábitat adecuado para defenderse de los depredadores y para encontrar alimento. También durante la creciente los peces que quedaron prisioneros durante el verano en cochas y pozas de quebradas y caños salen presurosos a reproducirse, unos, como sábalos, gamitanas, pacos, lisas y palometas, en el cruce de aguas negras de quebradas con aguas blancas de ríos; otros, como los bagres, a las cabeceras de algunos ríos…

Sabiduría antigua y la catástrofe del asistencialismo

Los antiguos indígenas y mestizos herederos de su cultura sabían adaptarse a las inundaciones estacionales de los ríos amazónicos, y sacar incluso ventaja de ellas. Durante la vaciante aprovechaban para cultivar abundante yuca, maíz y maní en los ricos suelos fertilizados por las aguas, y sabían preservar buenas reservas de estos productos cultivados y de otros silvestres para los tiempos de creciente. He oído numerosas historias sobre cómo conservaban el maíz en panojas y el maní en su cáscara encima de la tuchpa para que no se apolillasen, la fariña en paneros cubiertos de hojas, el frijol y el chiclayo en tinajas… El pescado menudo, abundante en la vaciante, era cocinado por horas en inmensas ollas hasta que se convertía en una especie de “paté” de pescado, llamado “loboishma” (por su parecido, quizás, con las deyecciones del lobo de río), que era un excelente alimento como complemento de la yuca.

Incluso los primeros exploradores europeos de la Amazonía nos describen la forma cómo los indígenas que habitaban las islas inundables del Amazonas conservaban la yuca durante la creciente, enterrándola en pozos especiales antes de que la tierra fuera cubierta por el agua, donde se conservaba por meses casi como fresca. Al bajar el agua tenían reservas hasta la siguiente cosecha. De la vacamarina o manatí (abundante antaño y hoy casi extinta por la avaricia del hombre moderno) se elaboraba la “michira”, una especie de chicharrón de carne frita en su propia grasa, que se almacenaba por meses en enormes tinajas. Y ni hablar de las famosas “charaperas”, piscigranjas de los antiguos indígenas donde, a decir de los cronistas de la época, guardaba cada familia de 100 charapas para arriba, que servían como reserva de carne fresca durante todo el año.

Cuenta Fray Pedro Simón, uno de los cronistas de esta malograda expedición de Pedro de Ursúa y Lope de Aguirre en 1560, que la tropa desembarcó en un pequeño pueblo que estaba “en una barranca del río”, en una zona cercana a la actual frontera de Perú con Brasil. Allí se comunicaron por señas con los indios para solicitarles que les cediesen una parte del pueblo para alojarse y para que les diesen algo de alimento, con el compromiso de no hacerles ningún daño. Los indios aceptaron, y los españoles pudieron saciarse con la abundante comida que había en estas casas, como nos cuenta el cronista:

“Sacó luego nuestra gente aquí el vientre de mal año (como dicen) con la mucha comida que hallaron de maíz, frisoles y otras raíces de tierra, con muchas tortugas e hicoteas que tenían los indios en unas lagunillas arrimadas a sus casas, cercadas de empalizadas, que al parecer de los soldados echaron tanteo que eran las que hallaron vivas, sino otras que estaban recién muertas para comer, más de seis o siete mil, en que metieron las manos...”

Recordemos que la expedición de Pedro de Ursúa pasó por esa zona en mayo, en plena creciente, casi nueve meses después de la temporada de cosecha de chaparas, taricayas (“hicoteas”) y sus huevos, cuando ya los indígenas habían consumido parte de sus reservas anuales de tortugas.

¿Qué pasó con todas estas prácticas y conocimientos indígenas, y muchos otros que quizás no conocemos y se perdieron en la historia reciente? Pues fueron borrados por la influencia de las costumbres foráneas, y cómo no, por la “creciente” de burócratas que han venido a la selva a hacer asistencialismo populista regalando víveres e incentivando hábitos de consumo ajenos a su cultura. O se extinguieron a la par que recursos como la charapa, explotada hasta el exterminio por la aplicación del modelo extractivo-mercantil preconizado por el Gobierno nacional desde los tiempos de la República.

Hace unos años, durante un simposio sobre del barrio de Belén organizado por el Centro de Estudios Teológicos de la Amazonía –CETA- en la Biblioteca Amazónica, una señora humilde, moradora de la emblemática calle Venecia, dijo algo así: “El vaso de leche ha hecho más daño que beneficio en nuestro barrio. Desde que el Gobierno reparte el vaso de leche, muchos hombres no se preocupan ya de trabajar para dar de comer a sus hijos, sino que se dedican a tomar. Se han hecho más haraganes.” No sé si pensar que es ignorancia o es mala fe, manipulación burda y cruda, lo que impulsa a ciertos funcionarios a promover acciones que tanto daño han hecho y hacen todavía en nuestro pueblo. No estoy contra el vaso de leche, por cierto, cuando es bien orientado, pero sí contra ciertas formas de promover una dependencia alimenticia y una mendicidad que no ayuda a la gente humilde a superarse sino que perpetúa su situación de miseria y dependencia. Hace pocos días fueron divulgadas unas fotos de perros y gallinas comiendo leche donada por el PRONAA en una comunidad indígena del río Santiago. Los indígenas amazónicos, que suelen tener bastante intolerancia a la lactosa (no la pueden digerir bien, la mayoría pierde la enzima necesaria en la primera infancia) se quejan de que la leche les da diarrea y prefieren dársela a sus animales… ¿No hay otra forma de combatir la desnutrición infantil en comunidades amazónicas?

Cabe también preguntarse: ¿Es correcto regalar víveres a la gente de zonas rurales amazónicas? Muchos expertos consideran que es totalmente contraproducente, o hasta criminal: es convertir a los antiguos y orgullosos indígenas, autónomos y autosuficientes, capaces perfectamente de producir sus alimentos, en mendigos dependientes de las limosnas de un Estado, que sólo se suele acordar de ellos para hacer clientelismo político. Además, como me decía un amigo, “cuando hay movida, hay coima”: en situaciones de emergencia es cuando se producen más abusos y apropiaciones ilícitas de malos funcionarios que se aprovechan de la situación de inundación para “hacer su agosto en diciembre.”

Lo que necesitan las comunidades indígenas y ribereñas es apoyo de otro tipo, como asistencia técnica en nuevas tecnologías, o para la recuperación de las antiguas perdidas por la aculturación, acompañada con insumos, equipos, semillas…

¿Regalar pescado o enseñar a manejar el pescado?

Conocido es el antiguo proverbio chino: “Regálale un pescado a quien tiene hambre y comerá un día; enséñale a pescar, y comerá toda la vida”. En la Amazonía del siglo XXI ya no basta con enseñar a pescar, los peces de las cochas y quebradas también se están acabando debido a la sobrepesca, las prácticas destructivas de pesca, y la total falta de gestión por parte del Estado. Por esto, aquí habría que decir: No regales pescado al indígena, enséñale a manejar sus cochas y quebradas para que produzca pescado de forma sostenible; enséñale a manejar su fauna y su bosque, para que nunca le falte el mitayo para su casa, y pueda siempre vender su maderita y otros productos forestales; enséñale a cultivar mejor sus chacras, para que no tenga que tumbar cada año una hectárea nueva, y siembre también especies comerciales, con mercado, para ganar su platita; enséñale a transformar algunos recursos con valor agregado y a comercializarlos, para que no se quede toda la ganancia en los intermediarios… Bueno, y no solo enséñale, apóyale también con los insumos, semillas y herramientas necesarios…

Así, señores funcionarios de las diversos estamentos del Gobierno y miembros de ONG humanitarias, prepárense para organizar en algún momento programas de ayuda ante la posible catástrofe debidas a la falta de inundaciones... Con el cambio climático a la puerta, nunca se sabe. Entonces quizás tendrán que anunciar a sus superiores: EMERGENCIA EN LORETO ANTE LA FALTA DE INUNDACIONES.




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Comentario
 1.  Pino Rubio 02/03/2009
Qué buen artículo y qué cátedra la que a través del mismo nos ha dado su autor… aunque a veces me cuestiono si por más bondades que éste y otros similares que suelen colgarse en VOL, no estemos sino "leyéndonos las manos entre gitanos", mientras los que toman las decisiones simplemente siguen pasándose de largo... Ojalá que exagere y hasta me contradiga respecto a la utilidad de la cátedra como agente reactor de la consciencia –que es el primer paso para el cambio- pero es que llega a ser frustrante que ante la divulgación de tantas contundentes pruebas de lo mal que se está haciendo las cosas en la Amazonía, y ante las claras pautas que no deja de alcanzarse para marcar bien la cancha, se perciba que lo que está cambiando apenas es una mínima parte de lo que se requiere!... No estaría demás pedir que los segmentos estudiantiles y las organizaciones de base, incrementen un poquito su protagonismo.
pinorubio@hotmail.com
 2.  Samuel Morante 03/03/2009
Verdaderamente un artículo muy bueno..inspirador! Con respecto a la desesperanza que a veces nos aflige en esta lucha, pues no perdamos la fé; cierto que a veces parece que no avanzamos a la velocidad requerida, pero no podemos darnos tregua en el cumplimiento de nuestra misión. Sin prisa pero sin pausa y no nos desalentemos.Un fuerte abrazo y gracias por tan noble esfuerzo educativo.
samoraba59@hotmail.com
 3.  Heraclio Lujan Loayza 04/03/2009
Un excelente articulo que llama a la reflexión. Una demanda muy importante para aquellos promotorers de desarrollo que no disponen de tiempo para analizar y evaluar nuestras propias actitudes frente a la naturaleza y el medio ambiente en general.
heracliol@hotmail.com
 4.  Jorge Valdez Power 04/03/2009
Quería agregar un comentario, que creo que pinta muy bien esa ignorancia o supuesta ignorancia de nuestras autoridades. Hace unos días los que no vivimos en Lima vimos por la televisión el "fenómeno" de la subida del río Rímac !? en Chaclacayo o Chosica, que ocasionó que una joven se ahogara tratando de cruzarlo. Fenómeno !!!??? no es lo más normal que en estas épocas del año, con las lluvias de la sierra los ríos de la costa suban su caudal; no lo vemos todos los años. Desde que tengo uso de razón sucede siempre; y sucede siempre que hay inundaciones, carreteras destrozadas, etc. A mi modo de ver, el fenómeno son esas autoridades locales y nacionales que hasta ahora no han hecho nada para prever y/o contrarrestar estos "fenómenos" naturales que, valga la redundancia, la naturaleza ocasiona en determinadas épocas del año. No se han puesto a pensar toda el agua que se desperdicia con estas crecidas, y que hasta ahora no se hace nada para contrarrestar esto; y/o evitar daños por estos avatares que la naturaleza trae consigo periódicamente. Saludos, Jorge
jvaldez@cima.org.pe
 5.  Enrique Angulo Pratolongo 06/03/2009
He estado varias veces en territorios amazónicos y concuerdo con lo que expone Pepe. Existe una carencia de asistencia técnica para la gran mayoría de los habitantes de esta parte tan maravillosa del país. En uno de esos viajes, visite el distrito de Padre Márquez en la provincia de Ucayali en el departamento de Loreto. Allí recorrí la capital del distrito, Tiruntán y la comunidad de Roaboya, ambos lugares a orillas del gran río Ucayali. Conversando con los pobladores, ellos me afirmaban que ante la falta de apoyo técnico, debían cultivar maíz, maní y otros productos de panllevar, sin poder desarrollar un cultivo tecnificado y mejorado de cacao, sacha inchi y otros que les den otorguen beneficios. A eso hay que sumarle la deforestación (que ahuyenta la caza), la pesca indiscriminada, la falta de especies de crianza y otros factores que son el caldo de cultivo perfecto para que la pobreza se siga acentuando. Y por otro lado, es increíble que no valoremos el conocimiento de nuestros paisanos desde nuestra soberbia situación citadina. Allí, un poblador justamente me explicaba cómo él entendía el caudal del río Ucayalí a través de lo que pasaba en el río Marañon y en otros afluentes, pues existen flujos y variaciones en los ríos que por más que estudiemos eso, no lo entenderíamos en el corto plazo.
eangulopratolongo@gmail.com
 6.  Giorly Machuca Espinar 13/03/2009
El artículo del Biólogo José Alvarez, es una muestra más que muchas veces se ejecutan proyectos y progrmas en las diferentes comunidades de nuestra región que no están acorde a la realidad y costumbres de la población. En muchas ocasiones cuando viajamos a las comunidades por la cuenca baja del río Ucayali, se puede observar la gran organicidad social y económica de los productores como por ejemplo La Comunidad de Santa Cruz de Yanallpa, donde se ejecutan pocos proyectos que se enfocan a incentivar, promover el manejo de los cultivos tradicionales, respetando el manejo que ellos le puedan dar a sus cultivos de sus chacras-huertas, que se encuentran en restingas bajas, medias y bajas, pero el problema ya viene cuando las distintas instituciones de la región incentivan proyectos donde se manejan cultivos que hasta el momento no tiene un paquete tecnológico y a la vez no existe una contñinua, permanente asistencia técnica, porque decir que se da asistencia técnica no es sólo ir por una media hora, ver el área y adiós, porque eso es lo que pasa normalmente y el problema luegop es para el productor ya que nunca ha manejado el cultivo y no tiene apoyo en cuanto a manejar el dinero que ha recibido como préstamo y que en muchas ocasiones nunca ha tenido tal cantidad y lo gasta para comprarse la radio, los vestidos y otros...Lo que debe hacer el gobierno local, regional, es que a través de los distintos progrmas de apoyo y producción es capacitar a la gente productora, pero tomando en cuenta aquellos cultivos que vemos en Belén que también nosotros comemos, CULTIVOS TRADICIONALES, y luego seguir con el monitoreo, la vigilancia. Para terminar no debemos olvidar que la revaloración de los CONOCIMIENTOS COLECTIVOS CULTURALES, no sólo debe ser de unos cuantos es puede mejorar con más difusión de artículos como el que acabo de leer. Las Comunidad de nuestra región, son las encargadas de tener planes de manejo, artículos y hasta libros, ya que los conocimientos de como sembrar, donde sembrar, cuando hacerlo en el casos de cultivos alimenticios, plantas medicinales, etc, han sido extraídos de estas personas que viven en las distintas comunidades.Y en cuanto a las inundaciones,sabemos que son tan necesarias e importantes para nuestra zonas y debemos preparanos para los cambios que si pueden afectar en su alimentación y forma de vida. También es necesario que en estos temas se involucren el sector universitario ya que como siempre digo ellos son los futuros tomadores de deciones.Saludos cordiales, Giorly Machuca Espinar.
gigimaes30@hotmail.com
 7.  fumon 11/05/2009
esta basura me parece ridicula,el que lo escribio es un perro del basurero de la cachina,este texto que se lo meta al trasero
joseascurra@hotmail.com
 8.  cristian ahuanari huanaquiri 06/01/2010
YANALLPA.esde dale mas inportancia a este cultivo amazonico y tener un apoyo del gobierno peruano
crisahua@hotmail.com
 9.  rlekcpehox 15/01/2010
yVJQTHghDRdMZxZfA
xzjswp@qvsmsv.com
 10.  andy vasquez 29/01/2010
meteoro
andy_jp0105@hotmail.com

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